Festividad de San Silverio

Cuando a principios del siglo XX se instalan en Ingeniero White familias de inmigrantes provenientes de la isla de Ponza, se inicia el culto a San Silverio a quien se designa patrono de los pescadores.



La Sociedad San Silverio junto con el Centro Laziale de Bahía Blanca, tienen a su cargo la organización de los festejos.




San Silverio y un viejo pescador

Cabellos blancos, rostro curtido por el viento de mar, mirada franca, voz enronquecida; erguido y animoso en sus 85 años, Juan Santamaría habla con cálido acento sobre su vida de pescador. La entrevista tiene lugar en su casa de calle Rubado 3268.
Nacido en la isla de Ponza, Italia, Juan se dedicó a la pesca desde muy joven, y el oficio no tenía secretos para él cuando llegó a la Argentina en 1906, para radicarse en Ingeniero White. Volvió a su tierra para casarse con Magdalena Aversano, en 1911, y regreso sólo a Ingeniero White, su esposa vendría después del nacimiento de su primera hija Filomena, aquí nacerían sus otros cinco hijos. Había encontrado escenario para su afán: construir su porvenir y el de su familia, con generoso y honrado esfuerzo, pero con garantías de prosperidad. Hombre de profunda fe cristiana, fue uno de los fundadores de la Sociedad San Silverio, cuyo estandarte hizo traer de su isla natal.





-¿Por qué San Silverio, don Juan? –le preguntamos-
-San Silverio es el patrono de los pescadores y de mi pueblo. Sus restos están sepultados en la isla de Palmarola, vecina a Ponza. Era Papa en el siglo VI, y fue desterrado por la autoridad romana de aquel entonces a Palmarola, donde murió. En lo alto de una elevada roca de la isla se construyó hace siglos un templo que le está dedicado, y en el que tiene su tumba. Allí hay permanentemente encendida una lámpara de aceite cuya luz se divisa desde las barcas pesqueras que pasan cerca de la isla. Y es sabido por todos los hombres del mar que esa luz no ha dejado de verse ni siquiera cuando, por falta de aceite, la lámpara se había apagado…
-¿Recuerda haberse hallado alguna vez en situación de grave peligro en su vida de pescador?
-Muchas veces… En ese tiempo era más peligroso que ahora. Nosotros llegábamos con nuestra lancha hasta la Bahía San Blas. No se contaba entonces con los medios de comunicación y salvataje de que se dispone ahora.
-Cuéntenos alguna anécdota, algún hecho que recuerde especialmente.
Hace un breve silencio para la evocación.
-No se trata de algo que me ocurrió a mí, sino a un paisano, Silverio Mazzello. Habíamos estado pescando, cada uno con su lancha, cerca de la isla Gaviota, cuando emprendimos el regreso, porque se avecinaba un temporal. Le ofrecimos mantenernos a corta distancia, en el viaje de retorno, para poder ayudarnos mutuamente en caso necesario, pero se desató la tormenta con mucha violencia, y nos distanció, hasta que la lancha de Mazzello desapareció de la vista. Cuando se restableció la calma, comenzó la búsqueda. No se les encontraba por ninguna parte. Por fin aparecieron en el río Colorado, hasta donde los había llevado el temporal. Pero Mazzello contaba algo extraño, durante la tempestad había visto en la popa de su lancha a un personaje desconocido, un anciano, que desapareció cuando hallaron refugio en el río Colorado. Ya de regreso en el puerto pudo reconocer a aquel hombre cuando en la Capilla, vio la imagen de San Silverio. El santo era el extraño personaje que había viajado en la popa de su lancha durante el temporal.

La entrevista con el viejo pescador whitense ha derivado hacia un aspecto no previsto: la religiosidad de los hombres de mar. Y don Juan Santamaría, con sus cincuenta años de cabalgar olas, sabrá por qué…

(Extraído de una nota del periódico “Pregón” de Ingeniero White del sábado 13 de Junio de 1970).-

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