ADICCIONES

Foto de: http://www.revistawatt.com.ar/ 2009-08-03 ADICCIONES

Fantasía o realidad


El consumo de drogas, dicen los expertos, obedece a múltiples factores, tanto sociales, psicológicos, biológicos y genéticos, donde las afecciones personales de quien las consume se manifiestan en un deterioro en la calidad de vida; existiendo en esta problemática todo un proceso psicológico que inicia con la negación de esta, con la idea de no ser un adicto, de no aceptar que se tiene una necesidad de consumir determinada sustancia, la cual no puede posponerse y, contrariamente, se vuelve más recurrente y con mayor cantidad. Esta situación se agrava cuando el sujeto pierde el control de la voluntad y, con ello, los impulsos, los cuales lo exponen a realizar acciones que ponen en riesgo su integridad y bienestar, así como de quienes lo rodean; también llegan a presentar conductas ilícitas o antisociales.

Creemos firmemente que el problema de adicciones es un tema relacionado con la salud; tal vez habría que pensarlo como un problema social; es decir, una patología social y la persona dependiente requiere asistencia en ámbitos especializados. Pero también debemos subrayar que la liberación del consumo de las sustancias ilegales no ayudará a disminuir los excesos propios del consumo de las mismas. Desde hace años, circulan discursos que categorizan las adicciones como un problema de los jóvenes, afirmación que se sustenta dado que la adolescencia es la etapa de la vida de mayor vulnerabilidad de una persona, por las propias transformaciones biológicas, psicológicas y sociales que en ella se producen.

El eje del problema no son las sustancias, sino qué le pasa a ese joven que no puede encontrar otras formas de elaborar y resolver los conflictos y procesos que está atravesando. Hay que dilucidar para qué le sirve la droga y por qué no puede encontrar otra manera de encarar los obstáculos que se le presentan.

Los padres de púberes y jóvenes a menudo preguntan cómo saber si su hijo "se droga", la respuesta no es sencilla; pero, sin duda, una de las maneras es escuchándolo. Los adolescentes (y no sólo ellos) pueden hablar mejor sobre cualquier tema con quienes "saben" escuchar; cuando se juzga, se aconseja o sermonea en exceso, se critica, se ridiculiza, no se toman en cuenta o se toman a la ligera sus opiniones o existen grandes contradicciones entre lo que se dice y hace, se están colocando obstáculos en el vínculo con los hijos. "Escuchar" no se trata sólo de no interrumpir mientras el otro habla, sino de tratar de comprender lo que nos dice y lo que quiere decirnos.

Son estrategias de prevención: Generar espacios de comunicación donde la expresión de sus opiniones y manifestaciones sean valoradas; evitar comparaciones entre sus resultados y los de los demás; disponer normas y límites claros y coherentes; facilitar la inclusión en actividades que permitan construir vínculos y pertenencias; alentar la inserción en espacios que permitan el despliegue de la creatividad y el desarrollo de capacidades y destrezas, etc.

Está claro que no existen políticas preventivas consensuadas y duraderas, y por ello entendemos que debemos establecer las estrategias y acciones locales, que producirán mayor incidencia en las personas y su entorno; en las políticas de prevención de las adicciones, debemos planificar e incrementar cualitativa y cuantitativamente los programas preventivos que fortalezcan los factores de protección de la comunidad, estableciendo como concepción pensar más en el sujeto y no tanto en el objeto.

Este proceso preventivo debe poner el acento en las dificultades de las personas, que deben convertirse en el eje central para ayudarlas en el abandono de comportamientos adictivos.

Hernán H. Herbalejo
Profesor en Ciencias Políticas
(hernan.iw@gmail.com)Ingeniero White


Publicado en La Nueva Provincia - Lunes 21 de diciembre de 2009

El Profesor Hernán Horacio Herbalejo Tortosa es integrante del Centro Pugliese de Bahía Blanca y Región, se desempeña como docente en escuelas de Bahía Blanca.

Las “Pettole”, Sabrosas Frituras Típicas De Navidad


Entre las delicias de la cocina pugliese se encuentran las pettole, fantásticas piezas de masa frita, suave y esponjosa, de sabor salado o dulce. No existe pueblo en Puglia, donde en ocasión de las fiestas navideñas no se preparen las pettole. Si bien el nombre que se ha generalizado es “pettole”, en la ciudad de Bari se llaman “popizze”, pero en la provincia “pettue” o directamente “pettole” como también se las llama en Foggia, en Brindisi “pettuli” y en Lecce “pittule”. Se pueden comer al natural, o con distintos rellenos salados o dulces (anchoas, bacalao, tomates secos, alcaparras, cebollas, aceitunas, y entre los dulces ricota con ralladura de limón y canela o mermelada) distintas cubiertas como por ejemplo azúcar espolvoreada, rociadas con miel o con vincotto de higos.

Los ingredientes para hacer las péttole, para cuatro personas son:


• 500 gramos de harina de trigo• Medio sobre de levadura de cerveza• Aceite de oliva• Sal

Para su preparación habrá que seguir los siguientes pasos:

1. Primeramente pondremos en un recipiente bastante grande, dos vasos y medio de agua tibia, la sal y la levadura que habremos diluido un poco antes con agua tibia también. Mezclamos todo bien.
2. A continuación, incorporamos poco a poco la harina amalgamándola con las manos constantemente.



3. Trabajarla por largo tiempo hasta obtener una preparación semilíquida adicionando, si es necesario, más agua tibia.
4. Cuando hayamos obtenido una masa suave, la dejaremos reposar para que fermente, durante dos horas aproximadamente en un lugar caliente, no frío.




5. Una vez dejado reposar, tomamos un poco de la pasta con una cuchara o puñados con la mano mojada en agua tibia y la freímos en aceite caliente. Al freír la llama debe estar alta para que se doren rápido y no se empapen de aceite.


6. Finalmente, cuando los buñuelos estén dorados, los retiramos y los colocamos sobre papel absorbente para quitar todo el aceite posible y servimos. Se recomienda servirlos calientes, ya sea al natural o servirlos dulces: para ello solo hace falta espolvorear azúcar, miel o vincotto por encima.


La tradición cuenta que antes de comerlas se debe rezar un Padre Nuestro y este tipo de norma se sigue respetando, incluso en las familias no muy religiosas.
Existen varias leyendas sobre el origen de las Pettole. Su nombre proviene casi seguramente del latín “pitta” que significa pequeña focaccia.
Una de estas leyendas narra que en el medioevo, en la ciudad vieja de Taranto, el día de Santa Cecilia, una humilde mujer, madre de familia, se levantó como siempre a preparar la masa para el pan. Mientras la masa fermentada escuchó un sonido de “ciaramelle” (gaitas), se asomó a la ventana y vio que venían los “zampognari” (gaiteros) tocando unas alegres marchas navideñas. Hipnotizada por la melodía comenzó a seguir a los zampognari por las calles de la ciudad. Llevada por el entusiasmo general, olvidó la masa en preparación.




Cuando regresó a su casa se dio cuenta de que la masa había fermentado demasiado y no podría utilizarla para el pan, entretanto, sus hijos se habían despertado y exigían su desayuno. Sin quedar atrapada en la desesperación, calentó el aceite y se puso a freír los trozos de masa hinchada en el aceite, obteniendo unas bolas fritas, bien doradas, que gustaron mucho a sus hijos. Los pequeños, curiosos preguntaron: "Pero, cómo se llaman?" - Y ella pensó que se parecían a la focaccia respondió en dialecto: "pettel '" (es decir, pequeñas focaccias).
Todavía no satisfechos con la respuesta los hijos preguntaron: "E 'cce sont?" – y ella viendo que eran muy blandas respondió: "l' cuscin' du Bambinell" (la almohada del Niño Jesús).

Cuando terminó de freír toda la masa, salió a la calle con sus hijos, feliz y satisfecha, para ofrecer las pettole a los zampognari que con la melodía de su pastoral hicieron posible este milagro.



La leyenda refleja la realidad de los pobres, gente sencilla que prepara una sabrosa y nutritiva comida con los productos de que dispone. La masa se prepara en el “limmù”(un recipiente grande de barro, vidriado en el interior). Terminado el amasado, se pone levar la masa, se cubre el “limmu” con una manta de lana en un lugar cálido, por lo general cerca de la chimenea, protegida de las corrientes de aire que atrasan el proceso de fermentación, que es crucial para el éxito de las pettole. De estricta competencia de abuelas, madres y tías, la preparación de las pettole, representa antes de las fiestas, un momento de interesante participación y acercamiento a las hornallas.